Esterilidad - Infertilidad

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¿Qué se entiende por esterilidad?

La esterilidad es la incapacidad para lograr gestación tras un año de relaciones sexuales con frecuencia normal y sin uso de ningún método anticonceptivo.

La probabilidad de gestación espontánea es claramente dependiente del tiempo.

El 85% de las parejas logran espontáneamente una gestación en el transcurso del primer año, y un tercio de estos embarazos ocurre en los tres primeros meses de ese periodo. En los doce meses siguientes, conseguirá la gestación espontáneamente un 5% adicional de parejas. Por tanto, y según establece la simple observación, la mayoría de las parejas que no han logrado una gestación tras un año de intentos estarán afectadas por alguna limitación de la capacidad reproductiva.

¿Qué se entiende por infertilidad?

Aunque el termino infertilidad para muchos especialistas, es sinónimo de esterilidad, en el mundo hispanohablante, se denomina como infertilidad la incapacidad para generar gestaciones capaces de evolucionar hasta la viabilidad fetal. Por tanto, este concepto engloba situaciones como el aborto de repetición, la muerte fetal intrauterina, el parto prematuro, etc. En la actualidad, se tiende a preferir el término «pérdida gestacional recurrente» para designar este conjunto de procesos.

¿Cuántas parejas están afectadas por estos trastornos?

Según los estudios epidemiológicos más amplios, la esterilidad afecta al 15% de la población en edad reproductiva de los países occidentales, es decir, a una de cada seis parejas, y  experimenta una evolución creciente.

Aunque el varón es responsable de entre el 25 al 35% de los casos, la edad avanzada de las  mujeres con deseo reproductivo puede considerarse como la principal causa actual de  incremento de la esterilidad en nuestro medio. La fertilidad de la especie humana varía con el tiempo, y está claramente limitada por la duración efectiva de la capacidad reproductiva de la mujer. Ésta presenta su máxima fecundidad entre los 20 y los 30 años.

A partir de esta edad se inicia el declive fisiológico de la fecundidad, que es mucho más acusado desde los 35 años, y aún mayor a partir de los 38.

En consecuencia, la disminución de la fertilidad en edades reproductivas avanzadas o extremas es un hecho fisiológico, por el cual los resultados de los tratamientos —con la excepción de la donación de ovocitos— sólo podrán aspirar a equipararse a los resultados traducidos en tasas de fertilidad, normales para esta edad, que son notablemente bajos.